7 claves para dar buenos consejos que en realidad sirvan.

Cómo dar buenos consejos

Saber cómo dar buenos consejos – y recibirlos- es fundamental para las posiciones de liderazgo. O incluso si no es tu caso, en tu círculo social de seguro hay personas que se beneficiarán de escuchar las palabras correctas en el momento indicado.

Antes de empezar a hablar de más, debemos entender que tenemos una necesidad descontrolada por dar consejos. Nos gusta parecer superiores; o al menos “más poderosos”, como lo demuestra un estudio publicado en 2012.

Incluso, ese ímpetu por ayudar puede ser perjudicial para la persona que busca consejo; porque irónicamente a veces es más importante dar un consejo, que dar un buen consejo.

Según la situación, la persona que busca consejo se puede tardar un buen rato en llegar al punto. Puede estar nublada por emociones que le impiden sintetizar sus ideas y ser concreto con el problema que enfrenta; de hecho, es muy posible que no tenga identificado el problema.

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Si a eso le sumamos que queremos ser el héroe que salva el día con su gran consejo, tenemos como resultado un mal resultado: No dejamos hablar, la otra persona no puede dar la información necesaria, asumimos muchas cosas y decimos la primera idea que tenemos en la cabeza.

Para Michael Bungay, coach y autor, esa necesidad de dar consejos es personificada por el Advice Monster (El monstruo consejero); el cual tiene 3 disfraces -o personalidades- diferentes:

Tipos de consejeros que debes evitar.

Sin miedo a equivocarme, puedo asegurar que en algún punto en el que has aconsejado, has adoptado una de estas 3 personalidades.

El hablador: Esta personalidad piensa que la única forma de agregar valor a una situación es siendo la autoridad líder y siempre teniendo las respuestas correctas. Le encanta ser el centro de atención y explicar en voz alta por qué su opinión es más importante que la de los demás.

El recatado: Esta personalidad es más tenue, lo que hace que sea más difícil de detectar. No quieren llamar la atención pero están igualmente convencidos de que tienen todas las soluciones. Además, creen que solo ellos pueden salvar la situación y es su responsabilidad moral hacerlo.

El controlador: Esta personalidad del monstruo consejero quiere convencerte de mantener un estricto control sobre todas las cosas en todo momento; haciendo énfasis en que no se puede confiar en los demás.

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Cuando te pidan consejos, intenta identificar si estás cayendo en alguna de estas personalidades. También es indispensable poder reconocer cuándo ese “monstruo consejero” sale con más facilidad. Ya que solo cuando podemos controlarlo, es que podremos aprender cómo dar buenos consejos.

Puede ser cuando estás frente a cierto tipo de personas. Por ejemplo las que son menos experimentadas que tú. O en algunas situaciones, por ejemplo en el trabajo si ves que alguien está a punto de cometer un error.

Una vez identifiques las causas, piensa en cómo actúas. ¿Das consejos sin que te los hayan pedido? ¿Te gusta llenar los silencios en una conversación? ¿No dejas hablar a los demás porque piensas que tu opinión/consejo es 100% válido?

No olvides que lo más importante es no caer en el facilismo de hablar por hablar. Con esto claro, pasemos a ver cómo dar buenos consejos.




7 claves para aprender cómo dar buenos consejos.

Para que la interacción se de correctamente, el aconsejado y el consejero deben estar con la mejor disposición; ser respetuosos con las ideas de la contraparte y ser pacientes, ya que la conversación se puede descarrilar.

Así que para aprender cómo dar consejos, puedes apoyarte de las siguientes claves:

1. Pide permiso para aconsejar.

Si estás en alguna situación, ya sea personal o laboral, en la que tienes seguridad de poder ayudar, es mejor que pidas permiso para dar tu consejo. La razón principal es porque la otra persona no será receptiva si siente que le están imponiendo un punto de vista.

Los seres humanos solemos ser orgullosos y para muchos, recibir un consejo y aplicarlo, es parecido a “rendirse a la voluntad de otro”.

2. Escucha más de lo que hablas.

Lo mejor que puedes hacer en este punto, es asemejarte a un niño que siempre está abierto a aprender. Y la mejor forma de hacerlo, es escuchando atentamente.

Con atentamente me refiero a hacerlo de una forma empática, en sentido opuesto a lo que define Ximena Vengoechea en su libro, Listen Like You Mean It, como escucha superficial.

Esta se da cuando escuchas las palabras, pero no te molestas en prestar atención al significado subyacente. Y como resultado están los consejos no solicitados, que interrumpas a tu interlocutor o asumas que su experiencia ha sido la misma que la tuya.

Escuchar empáticamente implica esforzarte por entender el significado detrás de las palabras, haciendo que la otra persona sienta que en realidad la escuchas y exprese libremente sus emociones. Y para lograrlo, necesitas trabajar en 3 áreas:

Empatía: Se trata de ser capaz de imaginar lo que otra persona está sintiendo sin necesariamente inyectar tus propias emociones.

Humildad: No juzgues y bríndale toda la confianza a la otra persona para que comparta lo bueno, lo malo y lo feo.

Curiosidad: Debes estar “todo oídos” a lo que tiene que decir la otra persona, incluso si no es un tema que te parezca completamente interesante.

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3. Haz buenas preguntas.

Es fundamental entender que antes de dar buenos consejos, debemos hacer más y mejores preguntas.

Imagina a un doctor que no escucha a sus pacientes. ¿Cómo puede diagnosticar y recetar un medicamento? Su deber es escucharte y hacerte preguntas acertadas para acotar las posibles soluciones.

Igual pasa al momento de aprender cómo dar buenos consejos. Si quieres hacer un buen diagnóstico debes dejar que la otra persona se desahogue, y la mejor forma de hacerlo es mediante preguntas abiertas.

  • ¿Qué tienes en mente?
  • ¿Qué pasó? Cuéntame desde el comienzo.

No saltes a dar tu opinión inmediatamente cuando sientas que la otra persona no tiene mucho más por decir. Preguntarle algo tan sencillo como: “¿y qué más?, hará que te siga dando información. También puedes darle continuidad a la charla con:

  • ¿Cuál es el resultado que estás buscando?
  • ¿Cuál es el reto para ti?
  • ¿Qué estarías dispuesto a sacrificar?

Haciendo buenas preguntas te proyectas como un mejor líder que ayuda a los que le rodean a encontrar propósito y sabiduría.




4. Identifica si eres la persona ideal para dar el consejo.

Si crees que no serás de ayuda para la otra persona, lo mejor es que seas sincero desde el comienzo. Puede ser porque no sabes del tema que la otra persona necesita -en un ambiente laboral- o porque no tienes el tiempo ni la disposición para colaborarle.

Recuerda que escuchar empáticamente requiere de concentración y dedicación, de lo contrario, emergerán malos consejos de tu parte e inseguridades por parte de la otra persona.

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5. Encuentra varias posibilidades.

Un problema puede tener más de una solución y es tu papel desentrañar la verdad que se esconde detrás de toda la información que te dé la otra persona.

Sin importar que la otra persona sea la que busque consejo, pueden trabajar entre los 2 para analizar la data y encontrar varias alternativas. Esto hará que la comunicación fluya más y que el resultado sea más de una posibilidad, haciendo que sea más probable que el problema se solucione.

6. Haz sentir segura a la otra persona.

El cerebro humano es excelente para mirar al horizonte y buscar posibles amenazas. Esto no se resume solo a nuestros antepasados que debían estar atentos a los depredadores; los mecanismos de defensa también se activan cuando vamos a tener una conversación difícil.

El resultado es que podemos ponernos a la defensiva y esto no deja fluir la conversación. Así que puedes apalancarte de estas 3 estrategias:

Hazle sentir que eres parte de su equipo: Sé empático, asiente con la cabeza para que tu lenguaje corporal envíe las señales correctas, y usa palabras como “nosotros”

Hazle sentir que estás a su nivel: No caigas en el juego de mostrarte superior o más fuerte. Demuestra vulnerabilidad y si pasaste por una situación parecida a la de la otra persona, habla con humildad sobre tu proceso sin olvidar que no eres el protagonista del momento.

Hazle saber que su opinión es muy importante: Puede que la otra persona te busque para encontrar soluciones, pero eso es diferente a que tú debas encontrarlas solo.

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7. Haz seguimiento.

Dar buenos consejos no se resume a una sola charla. En ocasiones una persona puede buscarte porque no sabe cómo afrontar cambios personales o profesionales que no son de un día para otro.

Si es un proceso, acompaña a la otra persona todas las veces que puedas y ella quiera. Sé parte de su camino.

Conclusión.

Es normal caer en la tentación de ir dando consejos compulsivamente pero en ocasiones puede ser contraproducente porque decimos lo primero que se nos ocurre sin siquiera dejar hablar a la otra persona.

Las 7 claves que viste te ayudarán a dar buenos consejos, basándote en una escucha activa y sembrando el terreno para que la charla se dé de la mejor manera.

Espero que esta información te sea de gran ayuda 🙂

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