3 lecciones para emprendedores del maestro Bruce Lee.

3 lecciones para emprendedores del maestro de las artes marciales de Bruce lee.

Teniendo en cuenta que la población mundial es de más de 7.000’000.000, es acertado decir que son muy pocos los que dejan huella y se vuelven un ejemplo para las generaciones siguientes.

Los conocimientos de líderes, visionarios y en este caso, un luchador de artes marciales, se pueden volver mandamientos para seguir nuestros caminos.

Bruce Lee, fue luchador, actor y filósofo. Lo recordamos como un peleador emblemático que le mostró al mundo los límites del cuerpo y la mente, pero más allá de sus películas no conocemos mucho más de él. Su historia es un ejemplo de vida; y sus enseñanzas, un regalo.

Lee nació en 1940 en San Francisco. Su padre, de origen chino, se encontraba en Estados Unidos por motivos laborales, pero a los 3 meses del nacimiento, regresó con su familia a Hong Kong.




Desde muy temprana edad, Bruce tuvo contacto con el mundo del cine y su interés por el Wing Chun, arte marcial oriental, fue evidente. En su adolescencia, se vio involucrado en varias peleas callejeras y sus padres decidieron enviarlo nuevamente a Estados Unidos. Los motivos principales, era que ya estaban advertidos por la policía y que Bruce agredió al hijo de un mafioso perteneciente a las triadas.

A sus 18 años, ya en Estados Unidos, dictó clases de Jun Fan Gung Fu (traducido como Bruce Lee Kung Fu) que era una adaptación del Wing Chun y con el tiempo llegaron las películas, la fama y a sus 32 años, la muerte.

Fue una vida corta pero llena de experiencias, de las cuales podemos sacar 3 lecciones del éxito:

Lecciones de Bruce Lee para emprendedores.

1. Los obstáculos no son un impedimento.

Cuando empezaba en el mundo de las pandillas, Bruce perdió varias peleas y ese fue el motor que lo llevó a querer aprender Wing Chun. Una vez empezó clases con el maestro Yip Man se encontró con otra barrera: En la cultura china estaba mal visto que los chinos enseñaran artes marciales a los no chinos y técnicamente, Lee era estadounidense. Sin importar eso, continuó su entrenamiento a escondidas con Wip Man y otro estudiante de nombre Wong Shun Leung, al poco tiempo, su habilidad le permitió ganarse el respeto de los demás.

En 1970 durante una sesión de levantamiento de pesas, Bruce sufrió una lesión dorsal que amenazó con su futuro en las artes marciales. Los doctores le dijeron que nunca más podría moverse como antes, así que decidió centrar su energía en prepararse mentalmente. Para sorpresa de muchos, a los 6 meses Bruce empezó su acondicionamiento físico y al cabo de un año tenía la fuerza y flexibilidad de siempre.




2. Toma algo, mejóralo y hazlo tuyo.

Bruce ingresó al mundo de las artes marciales gracias al Wing Chun, pero con el tiempo empezó a crear una versión mejorada que finalmente sería llamada Jeet Kune Do (JKD). Su base, es poder optimizar los movimientos para infringir el mayor daño a la máxima velocidad posible. El JKD tenía bases del Wing Chun, del boxeo y muchas otras artes marciales. Bruce se encargo de recopilar lo mejor de cada una y moldearlas según las necesidades que iba encontrando en los combates.

Antes de morir, ya existían 3 institutos en 3 ciudades diferentes donde enseñaban el arte de pelea de Bruce Lee.

Hacerlo no fue sencillo, ya que enfrentó el mismo problema que en Honk Kong: No podía enseñarles a los no chinos. Así que debió enfrentarse a un peleador elegido por la comunidad china. Si perdía, no podría enseñar; si ganaba, tenía vía libre compartir su conocimiento. Ya imaginarán quién ganó.

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3. Compromiso con tus objetivos.

“La vida misma es nuestro profesor y estamos en un estado constante de aprendizaje”

Bruce entendió que para mejorar en su arte marcial, debía preparar mejor su cuerpo. Utilizaba técnicas tradicionales del físico-culturismo para desarrollar masa muscular pero sin afectar su velocidad y flexibilidad. Entendió también la importancia de la alimentación; nada de harinas refinadas, no comía ni poco ni mucho, solo lo necesario para dar su mejor desempeño en los entrenamientos. También ingería suplementos proteicos y vitaminas.

Sus entrenamientos consistían en 8 horas diarias de trabajo en su resistencia muscular y cardiovascular, fuerza y flexibilidad. Acostumbraba correr 16 km y perfeccionar algún golpe o técnica.

Llegó a tener un porcentaje de grasa corporal cercano al 0% y su desempeño en las artes marciales fue excepcional.

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