Gratificación retardada: Domina tu mente para dominar tu vida.

En momentos claves debemos estar en capacidad de alcanzar nuestra máxima concentración, pero si no estamos preparados, las ideas en nuestra mente parecerán un enjambre de abejas y enfocarnos en algo será imposible.

No es innovador decir que las personas con mayor concentración son más productivas y esto les da más chances de alcanzar el éxito, por eso es importante saber qué podemos hacer para mejorar en esta área. Daniel Goleman, profesor de psicología en la universidad de Harvard y autor del bestseller titulado Inteligencia Emocional (se han vendido más de 5 millones de copias y ha sido traducido en más de 30 idiomas), comparte su punto de vista sobre esta materia.





Para Goleman la mente es igual al cuerpo en la medida en que se pueden entrenar. Los pectorales de un físicoculturista son la prueba de lo que se puede alcanzar a través de la práctica; como la mente de un monje budista es el resultado de lo que se puede alcanzar a través de la meditación.

La concentración radica en poder poner nuestra atención donde, cuando y por cuanto tiempo queramos. No es sencillo, pero siendo conscientes de los siguientes tips que Goleman comparte en su último libro, Focus. The hidden driver of excellence, podremos potenciar nuestra productividad.

Diferentes pensamientos (generalmente negativos y que nos hacen perder concentración) se apoderan de nuestra mente y más en estos tiempos donde la tecnología se ha vuelto el distractor número 1.

Algunos de esos pensamientos lo único que hacen es atentar contra nuestra productividad y en la medida que no hagamos nada para sacarlos de ahí o para atacar la causa que los está generando, vamos a estar “rumeándolos” y disminuyendo nuestro desempeño.

Para Goleman, en lugar de tener el pensamiento allí sin hacer nada positivo, debemos pasar de “rumear” a “reflexionar positivamente” y hacer RSL (Relentless solution focus). ¿Qué es? Eliminar el pensamiento negativo mediante la ejecución consecutiva de acciones sencillas.

El pensamiento negativo, que puede durar en nuestra cabeza por días, por lo general viene de un problema que no es de fácil solución. El error común es perder tiempo pensando en una solución definitiva, cuando lo que podemos hacer es pensar en solo una acción sencilla que podemos ejecutar para empezar a atacar el problema.

Eventualmente no matará el problema de raíz, pero va a empezar a liberar presión y hará que el problema pierda terreno en nuestra mente. Así podemos ejecutar sucesivamente, acción por acción, con el objetivo de erradicar el pensamiento negativo que nubla nuestra concentración y retomarla completamente.





Pero ¿por qué sedemos ante la necesidad de pensar en algo negativo? Para Goleman somos débiles frente a los impulsos. Si llega un correo con malas noticias, nuestras reacciones de rabia, impotencia o desesperación son las primeras en salir a flote, porque se nos hace más sencillo ceder ante lo inmediato que tener la fuerza de voluntad necesaria para pensar en lo que puede venir después.

En 1940 el psicólogo Walter Mischel y sus colegas, llevaron a cabo un experimento, en el que un adulto entraba con un niño en un cuarto donde había un plato con un marshmallow y le daba 2 opciones: El adulto debía salir del cuarto y si el niño no se había comido el marshmallow para cuando volviera, le daría otro. De esta manera ponían a prueba el poder de voluntad de los niños y su capacidad de entender la gratificación retardada. Es decir que podían disfrutar de más marshmallows a cambio de un poco de paciencia. Esto no sirvió solo para reírse al ver a los niños tomar la decisión más difícil de sus vidas hasta ese momento; años después al hacerles seguimiento a los participantes, encontraron que los que optaron por esperar y comer dos marshmallows sacaban mejores notas, tenían mayores habilidades para planear, manejaban mejor el estrés, tenían mejor desempeño frente a situaciones frustrantes y mayores niveles de concentración.

No somos niños y nuestras decisiones son más trascendentales que unos marshmallows, pero muchas veces optamos por lo primero que nos ponen en el plato. Elegimos la primer reacción y preferimos ver televisión y no hacer lo más importante, nos levantamos tarde y no madrugamos, elegimos una vida sedentaria y no activa; simplemente porque no tenemos la concentración suficiente para ver que el premio que ganaremos por no dejarnos llevar por nuestros impulsos es mucho más grande.

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