Cómo cumplir las promesas que hacemos. (9 cosas que debemos evitar)

¿Cuántas veces has dicho que harás algo que a la final no haces? Cumplir las promesas es una parte vital de nuestra integridad, bien sea con nosotros mismos o hacia otras personas. Cumplir las promesas define en gran parte lo que somos y es la garantía del peso de nuestra palabra.

¿Querías terminar un libro? ¿Querías empezar juicioso el gimnasio? ¿Te pidieron un favor que dijiste que sí harías? ¿Te comprometiste a estudiar?……y no hiciste ninguna.

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Si bien no siempre “incumplimos” nuestra palabra porque así lo queremos, debemos tener un plan de continencia para que esto no suceda. Y lo primero es saber por qué fallamos en hacerlo.

¿Por qué no podemos cumplir las promesas?




1. Confiamos en nuestra capacidad de inventar excusas.

Excusas, excusas, excusas. ¡Todos los hacemos! A menudo, es más fácil inventar excusas que razones por las que debemos hacer algo. Pueden variar desde no tener suficiente tiempo hasta que las estrellas no estén alineadas correctamente. En cualquier caso, a veces parece más fácil y seguro no hacer nada que abordar lo que se dijimos que íbamos a hacer.

2. Nuestro miedo pesa más que nuestra capacidad.

El miedo al fracaso es el culpable de matar más sueños. Irónicamente, si no fracasas no tendrás éxito. Estamos tan acostumbrados a inclinarnos hacia el facilísimo de la negatividad, y a menudo, esto nos disuade de asumir desafíos o establecernos metas.

El miedo nos roba la confianza en nosotros mismos y nos permite pensar en por qué no podemos hacer cosas o hacer que sucedan. Toma tus miedos por los cuernos y deja de subestimarte; eres más capaz de lo que piensas.

3. No hay razones importantes para cumplir la promesa.

¿Qué significa esa promesa para ti? ¿Por qué dijiste que la ibas a cumplir?

A veces perseguimos cosas porque otros esperan que las hagamos o simplemente nos aferramos a algo que no debemos.

Cuando intentamos cumplir las promesas por las razones equivocadas y perseguimos cosas que realmente no necesitamos ni deseamos; no nos vemos impulsados ​​a cumplirlas.

Como consecuencia terminamos desperdiciando una gran cantidad de tiempo, energía y dinero que podría haberse utilizado mejor.

4. No establecer correctamente nuestras prioridades.

Es increíble cómo nos las arreglamos para encontrar tiempo para cosas que realmente no agregan valor a nuestras vidas, pero damos la excusa de la falta de tiempo como la razón por la que no podemos cumplir las promesas.

Nunca se trata de tener tiempo, sino de ganar más tiempo. (Aquí te decimos cómo aprovechar el tiempo al máximo) Si algo es lo suficientemente importante para ti, encontrarás tiempo para hacerlo y lo convertirás en una prioridad lo suficientemente importante.

5. Queremos “hacerlo” todo.

Cuando ampliamos nuestra atención, energía y enfoque a muchas cosas, a veces no mejoramos nuestras habilidades y experiencia en el área en la que más prosperaríamos y que es la más adecuada para nosotros. (Conoce más sobre el residuo de atención)

Es importante para nosotros descubrir aquello que podemos hacer. De esta forma la motivación y perseverancia van a estar presentes.

No estamos destinados a hacer todo, tampoco podemos hacer TODO.

6. Contamos nuestros objetivos a todo el mundo.

Según estudios es mejor ser reservado. Cuanto más hablamos de las cosas que queremos hacer y no las hacemos, perdemos credibilidad ante los demás, y ante nosotros mismos. Cuando fallamos continuamente en cumplir las promesas nos desmoralizamos, perdemos la confianza y la fe en nosotros mismos y eventualmente no podemos cumplir las promesas.

Necesitamos aprender a gastar nuestra energía en hacer cosas en lugar de hablar sobre ellas. Como dicen, deja que los resultados hablen por ti.




7. No hay un plan.

“Cuando fallamos en planear, planeamos fallar”. Un plan es esencial para ayudarnos a lograr nuestros objetivos. ¿Cómo piensas cumplir tu objetivo? ¿Qué acciones necesitas tomar? Escríbelo y elabora una estrategia clara.

Imagina que tienes una idea de negocio pero no sabes por dónde empezar, lo más probable es que si no tienes un plan definido, fracases.

Tener un plan nos dará una dirección, nos permitirá establecer mejor nuestras prioridades y asegurarnos de mantener el camino correcto en la búsqueda de nuestros objetivos.

8. No tener un plazo.

Tener un plazo te obliga enfocarte y disciplinarte más, ya que crea un sentido de urgencia.

Cuando las promesas están a la deriva y carecen de un marco de tiempo para ser cumplidas, a veces se quedan en un segundo plano; esto a menudo lleva a la postergación y, a veces, hace que las cosas no se hagan en absoluto.

9. Renunciar cuando las cosas se ponen difíciles.

Nada que valga la pena es fácil. Algunos objetivos realmente requerirán de todo nuestro empeño.

Ya conoces las causas principales por las que no podemos cumplir las promesas que hacemos a los demás y a nosotros mismos. Ahora simplemente debes hacer lo contrario.

-Identificar por qué lo harás.

-Tener un plan de acción, basado en nuestras prioridades.

-Poner fechas límite.

-Contarlo exclusivamente a las personas que te ayudarán a alcanzarlo. (o a nadie)

-Entender que tus miedos solo nublan tu posibilidad de mejorar.

-Entender que entre más excusas saques, más te hundes.

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